Columnista Invitada Licenciada en Psicóloga Argentina Susana Delicio

Citando a Octavio Paz “Existe una delgada diferencia entre visión y mirada: el acto de ver es pasivo por cuanto se ve solo aquello que se sitúa ante el campo de la visión.

La visión en sí radica en ver el objeto que se atrae al desplegar una acción complementaria de reunir la atención ocular en el punto de llamado del objeto. Pero en ningún caso se produce una mirada. Para que surja una mirada se requiere de una intencionalidad específica y de un gesto subjetivo particular.

La mirada es, pues, una construcción liada, compuesta de cierta voluntad y un gesto que evocan, en lo inconsciente, la historia del sujeto mismo.

Primero surge la vista, luego aparece la mirada. Ver implica observar el espectáculo del entorno donde únicamente se compromete el órgano de la visión —los ojos”. –

Gracias a un acto reflexivo, durante enero de 1610, mientras observaba a Júpiter con su telescopio, Galileo comenzó a prestar atención y descubrió cuatro puntos de luz – con apariencia de estrellas – a su alrededor.

Tras varias noches de observación, llegó a la conclusión que eran satélites girando alrededor del planeta y logró   dar con varios hallazgos.

La sabiduría se desarrolla con el tiempo, a partir de la observación y la reflexión sobre la vida, las experiencias propias y las ajenas.

Podemos decir con acierto entonces, que la capacidad de observación es una de las claves para llegar a la Sabiduría, de hecho, antes de la llegada del método científico, la observación fue la vía principal para llegar al conocimiento.

La Biblia dice en Job 37:14-16 “ Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios. ¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto, Y hace resplandecer la luz de su nube? ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes,
Las maravillas del Perfecto en sabiduría?”

El Señor nos lo trae a la evocación en un imperativo: Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios.

Tres actos necesarios dentro de la vorágine que nos caracteriza en lo cotidiano y nos lleva como ráfagas de viento a la ansiedad y preocupación.

¡Escucha, detente y considera! No vayas tan de prisa, no estás comprendiendo la manera sabia de vivir, y, lo peor aún, te estas desesperando aún más, cada día.

Creemos que, atiborrando rápidamente nuestros pensamientos con estos datos, vamos a llegar más pronto y eficazmente a la meta satisfactoria.  Por cierto, que, de ese modo, no prestamos atención y olvidamos, que hay una Magnificencia por sobre nosotros, que ubicó todo en concierto, como dice el versículo, y alzado ante nuestros ojos para comprender y saber, de quién se trata todo esto.

“No por mucho madrugar amanece más temprano” refrán popular que nos deja mucha enseñanza relacionada a este pasaje. ¡¡¡Nada más cierto!!!

Transitamos tan rápidamente el diario vivir, sin saber siquiera, hacia dónde vamos o donde queremos llegar. Vamos acarreando nuestras preocupaciones, invadidos nuestros sentidos por todo lo que debemos resolver y gestionar. No prestamos atención a las señales del camino puestas por, Él justamente para recibir paz y confianza. Con ellas nos dice; “Levanta tus ojos y mira”, ¡Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro”” como dice el Salmo!

Estamos perdiendo la capacidad de observación, y así dejando de lado el modo en cómo descubrir la Verdad. Puede que sea cierto o puede que no, en cualquier caso, necesitamos detenernos y contemplar como primera opción, lo que se presenta delante nuestro, para luego evaluar y vislumbrar lo verdadero, lo profundo, lo que nos muestra al Creador y Sostén de todo lo creado.

Como reza el poema de Benedetti, “Ver es prever pues viendo la cosa viene como imaginada”. Ver es presagiar lo que de la imagen se espera. No hay enigma ni sorpresa en la acción de ver

Lo visible eclipsa la gloria de lo invisible. Quien quiera hallar el tesoro escondido debe buscarlo más arriba de este mundo.

La mirada es constitutiva de la subjetividad humana: antes de hablar, el sujeto humano ve. Por ello hoy los insto a ver lo que se extiende ante tus ojos.

Me fascina ver un ave comiendo alguna migaja en una acera o en la calle. Me trae tanta paz y promesa esa imagen. Dios permitió que esa pequeña porción de alimento esté disponible para esa ave. “Crees que no lo hará por ti también?

Dios no ha cambiado ni Su mano se ha acortado, ese Dios de Israel de ayer es el mismo Dios que hoy tiene cuidado de los detalles de tu vida. Así que puedo confiar en mi Padre, porque, aunque yo no sé, Él si sabe.

¡Detente hoy!, te animo a ello, y considere las maravillas del Señor.

La creación, tan rica, tan hermosa y tan bien coordinada, ¡es la primera tarjeta de presentación de Aquel que nos llamó a la vida! Mediante la extraordinaria variedad de formas, de colores, de circunstancias, de gustos, de sonidos, de olores y acciones, Dios nos muestra de manera evidente su inteligencia y su poder, su amor y su delicadeza.

Ni tan a prisa, ni sin escuchar, ni sin detenerte, ver y considerar, podrás comprender, quien camina junto a ti, en este camino de pedregales.

Considera las maravillas de Dios, comprende quien ha colmado ese horizonte y ese paisaje y descansa de tu carga y de tu peso. Cuando comprendas todo esto, tu caminar se hará más ágil, tu carga se aliviada y la meta será menos difícil alcanzarla.

Prueba de este modo para seguir adelante hacia aquellos que buscas alcanzar. Alguien mayor que nosotros, nos extiende sus brazos a través de sus maravillas cada día. Solo tenemos que mirarlo.

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