*Por Carlos Garfias Merlos Arzobispo de Morelia, México

 

Al inicio del Año 2022, deseo a todos ustedes que Jesús, nuestra paz, llene su corazón de alegría, fraternidad, justicia, amor y paz.

Los invito a todos que iniciemos este Año Nuevo con el propósito de ser constructores de paz en medio de nuestro mundo, de nuestra sociedad y de nuestras comunidades a pesar de que sigamos con la crisis sanitaria de COVID-19 y ahora con sus variantes.

Atendamos el llamado que nos hace el papa Francisco en su Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2022: “Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”.

«¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

La paz es un don de lo alto, es fruto de un compromiso entre todos.

Existe una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesonado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente.

Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia y en la sociedad.

El Papa Francisco nos propone tres caminos para construir una paz duradera: el diálogo entre las generaciones, la educación, y el trabajo.

  1. Diálogo entre generaciones para construir la paz.

En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo.

El diálogo entre las generaciones».

Dialogar significa saber compartir los sentimientos, los sentimientos, intercambiarlos en temas específicos y poder lograr que las generaciones: los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos y los adultos mayores han de mantenerse en escucha que les ayude a permanecer unidos para cualquier circunstancia y que los haga ir transformando la desconfianza, el recelo, los motivos de conflicto y de división en confianza, en cercanía, en motivo de crecimiento y de mejoramiento personal, familiar y comunitario.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos.

Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

El encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas», sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro, en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.

Practiquemos este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar con los pies firmes en el presente, y desde allí no perder de vista el pasado para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; y no perder de vista el futuro para cultivar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas.

  1. La instrucción y la educación como medios para la paz. La instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.

Este inicio de año, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación.

Que esta inversión esté acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado.

Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes.

Es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad».

Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno.

Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo.

  1. El trabajo construye la paz El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien.

En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.

El trabajo, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad.

Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma.

3 El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal».

Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.

Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación.

Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

Al igual que el Papa Francisco, hago un llamado a los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo.

Como Iglesia que peregrina en esta Arquidiócesis de Morelia, en este año 2022 fijemos nuestra mirada y encomendémonos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Salud, a San Bernabé de Jesús y al Venerable Vasco de Quiroga para que juntos avancemos hacia el horizonte de esa paz duradera mediante la fraternidad, el amor, el perdón, la reconciliación y la solidaridad.

Al iniciar este Año 2022 aprendamos a vivir en paz y sigamos siendo artesanos de paz, juntos propiciemos un ambiente de confianza, armonía y unidad que nos permita construir juntos la paz.

¡UN FELIZ AÑO 2022 PARA TODOS!

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