La mezcla perfecta entre disfrutar de un delicioso café guatemalteco y ayudar a los pequeños caficultores

Hoy visitan cada una de las fincas con las que trabajan, procediendo a catar granos, revisar condiciones y evaluar maneras específicas de apoyar y mejorar la producción.

Cuando Stephanie, Pablo y Ana decidieron fundar Watson Books & Coffee hace dos años, sabían ya lo que los ha definido hasta ahora: que quieren invertir en Guatemala e influir para bien a quienes los rodean. Hoy en día su pequeño pero creciente negocio, ubicado en Paseo Cayalá, les ha abierto la puerta a una nueva oportunidad para apoyar un elemento muy importante en la economía de Guatemala: la producción de café.

Existe en el mercado de café una práctica muy común, en la que un agente o broker visita, elige y compra café (muchas veces de excelente calidad) de pequeñas plantaciones a hasta un 35% de su precio real en el mercado – aprovechando la necesidad y la estructura actual de compra venta de grano en el mundo. Luego, esta persona procede a vender el café en el mercado internacional a un precio tres o cuatro veces más alto de como lo compró, obteniendo así un gran margen de ganancia a costas de los pequeños empresarios y a la vez generando un círculo vicioso que impide el desarrollo de estos últimos.

Los chicos de Watson se dieron cuenta de este negocio y procedieron a investigar y aprender del tema, buscando una forma de cambiar esta situación. Hoy visitan cada una de las fincas con las que trabajan, procediendo a catar granos, revisar condiciones y evaluar maneras específicas de apoyar y mejorar la producción. Comprando el grano a su precio real desde la cuna, Watson genera una ganancia directa al caficultor que es reinvertida en el café, luego además conectando a compradores internacionales, disminuyendo los gastos de intermediarios y aumentando la utilidad local.

“Dado el ciclo de cosecha de café, que es de entre nueve y doce meses, para que la mejora que estamos esperando sea notable estamos hablando de un período de dos a tres años”, indica Stephanie. Pero esto no disminuye en absoluto la pasión y emoción que tienen al respecto. Cuentan incluso ya su primera historia de éxito: uno de sus proveedores, a quien conocieron el 2015, puede ahora pagar por ayuda extra y permitir así que sus hijos asistan a la escuela, además de haber realizado mejoras a su vivienda e instalado servicio de agua potable – un logro que le podemos atribuir a estos tres jóvenes emprendedores.

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